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Un hotel que nace con una ciudad
Nacido junto al Ebro, el Hotel Hiberus forma parte de una Zaragoza que mira hacia el futuro sin perder su esencia. Un hotel que no se impone al entorno, sino que lo acompaña, lo enmarca y lo convierte en parte de cada estancia.
El origen de una nueva Zaragoza
Inaugurado en 2008 con motivo de la Expo Internacional, el Hotel Hiberus surge como uno de los grandes símbolos de la transformación urbana de la ciudad. La ribera del Ebro dejó de ser un límite para convertirse en un espacio vivo, contemporáneo y lleno de posibilidades.
Ubicado en el meandro del río, junto al recinto Expo y rodeado de algunos de los iconos arquitectónicos más reconocibles de Zaragoza, el hotel ocupa una posición privilegiada: cerca del centro, pero inmerso en un entorno abierto y natural.
Esa dualidad (ciudad y paisaje, movimiento y calma) define su identidad desde el primer momento.
Arquitectura que se recorre
Diseñado por José Antonio Martínez Lapeña y Elías Torres, el edificio se concibe como una gran pieza escultórica: un barco varado junto al río que parece avanzar hacia la ciudad.
Nada en el Hotel Hiberus es casual. El acceso contenido da paso a un interior que se revela de forma progresiva. El gran hall, de proporciones monumentales, funciona como una avenida interior donde la luz natural, la altura y el silencio construyen una primera impresión difícil de olvidar.
Los espacios fluyen, se conectan, se abren. Incluso los pasillos de habitaciones miran hacia el interior, reforzando una sensación constante de amplitud y continuidad.
Aquí, la arquitectura no se observa: se experimenta.
Luz, materia y equilibrio
La luz es el verdadero material del Hotel Hiberus. El vidrio la multiplica, la madera la equilibra. Transparencia y calidez conviven en un entorno que resulta contemporáneo y acogedor al mismo tiempo.
La fachada norte, con su piel de lamas de hormigón y pavés verde, filtra el viento y la luz creando una atmósfera cambiante a lo largo del día. Al atardecer, el edificio se transforma, proyectando reflejos que lo convierten en un elemento casi escénico dentro del paisaje urbano.
El interiorismo continúa este diálogo: piezas icónicas del diseño nórdico, como las de Arne Jacobsen, conviven con textiles y materiales que aportan identidad y atemporalidad. El resultado es un espacio donde el diseño se percibe, pero no se impone.
Un espacio que inspira lo que sucede dentro
El Hotel Hiberus no solo acoge estancias: acoge experiencias. El arte forma parte del recorrido, integrándose en la arquitectura y aportando nuevas capas de significado. Obras, murales y fotografía convierten cada espacio en algo más que funcional.
Sus salones y terrazas continúan esa relación con el entorno. Espacios abiertos, versátiles y conectados con el exterior, donde eventos, congresos y celebraciones encuentran un escenario diseñado para inspirar.
Y más allá, el río. La terraza, la piscina, el horizonte. Siempre presente la sensación de amplitud, de pausa, de equilibrio.